miércoles, 17 de noviembre de 2010

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Hola, ¿sabes que? que te echo mucho de menos desde que te fuiste. Me acuerdo de ese día en el hospital, de ese sitio que tanto miedo me da entrar, nada más entrar sentía algo, que no se puede definir con una palabra, era como a la vez alegría, miedo y tristeza. Alegría por verte, miedo por si pasaba algo y tristeza por verte así, en ese estado. Nada más verte pensé que ojalá te mejoraras, pero vi que era imposible. Tenía ganas de llorar, pero no lo hice, tuve que disimular, puse una sonrisa un poco falsa, pero no podía sonreír. Te dí un beso, el último. Esa mirada perdida me hacía sentir incomoda, el no poder hablar contigo, el no poder escucharme, el que no pudieras decirme una ultima cosa. En ese momento pensé que no podías irte, que te echaría mucho de menos. Vino tu familia de Madrid, que fue una lastima que no te dieras cuenta. Todos te hablaban, pero tú no podías oír nada, te veía agobiada, pero a través de esa mirada perdida, algo alegre. Al despedirme, me dio mucha pena, pensar que ese momento sería el último que iba a estar contigo. No pude darte un beso, ya que tenía prisa. Cuando salí del hospital,  me dieron unas ganas tremendas de llorar, pero me aguanté hasta mi casa. Esa noche la pasé bastante mal, eras el primer familiar cercano que se iba. No me lo podía creer, era imposible. Pasó lo que tanto temía, yo en casa de mi tía, mis padres llamaron y dijeron algo. Cuando mi tía se acercó a mi y me dijo:
- Ya está.- yo pregunté algo desanimada.
- ¿Ya?- ella hizo un gesto afirmando.
Dí media vuelta y me fui. Se lo conté a mi primo pequeño, lo sentía mucho, le daba mucha pena. Esa misma noche, cenando en mi casa, mi padre sacó el tema. Dijo que que pena, que estaba mejor así que estuvieras sufriendo. Mi mirada estaba apuntando al suelo, no podía hablar. Al día siguiente, en el tanatorio. Me dolió mucho ver su ataúd, y mis primos delante llorando. Yo solté algunas lagrimas, pero ellos más que yo. Todo el mundo me decía que lo sentía, y yo pensaba que yo también. El entierro fue muy duro, el peor enfrentamiento que pude tener. Veía a tanta gente, me di cuenta de que le querían mucho, que era una buena mujer. Los domingos que voy a comer con todos, ver tu sitio, al lado del abuelo, vacío, no es normal. Quiero volver a ver esa sonrisa que ponías al verme, esas cosas que le contabas a mi madre y que me hacían gracia, quiero volver a estar contigo, aunque sea una vez más. 

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